¡Me asaltaron!

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Soy fan del persa Bio Bio. No fan de las de ahora que se puso de moda, no, no, no! Yo soy fan de las antiguas, iba los domingos desde que estaba en el colegio, seguí cuando entré a la universidad, de ahí cuando me puse a pololear, recién casada, embarazada, con guaguas portando, después caminando y así en todas las etapas. Fueron naciendo mis niños, seguimos yendo al persa y ellos aprendieron a enamorarse de sus galpones, de los pasillitos, de las miles de sorpresas que guardan sus rincones…en mi familia somos todos Persa Lovers!

Este domingo, que recién pasó, no fue la excepción. Fin de semana largo, relativamente poca gente en Santiago, y los niños estaban pidiendo hace semanas ir al persa. Tenían una platita ahorrada en sus alcancías y querían comprar unos juguetes. Yo por mi parte necesitaba unos libros y unas copas antiguas de cristalerías Yungay y mi marido quería comprar unos discos. Así todos felices partimos.

Franklin, Victor Manuel, Bio Bio…todas calles que he aplanado mil veces buscando tesoros y de repente Paf! siento un tirón en mi mochila. Estaba con una guagua en brazos y con otra de la mano y una señora de pelo largo, negro con algunas canas a mi lado. “Oiga, me está robando” Le dije….Noooo señora, como se le ocurre. Se veía segura, bien arregladita y tranquila. Metí la mano a la mochila sentí mi celular y pensé que a lo mejor no me habían robado. Mi marido, que  estaba con  mi hijo mayor, salió corriendo a perseguir a los acompañantes de la señora pero era complicado. Eramos dos con los 3 niños chicos, asustados y no sabíamos cuantos eran ellos. “Váyase señora, le dije” Total, sabía que no tenía plata en la billetera, solo los documentos y las tarjetas que podía bloquear al instante.

No nos pasó nada, pero la sensación es penca. Mala, pésima. Uno se siente inseguro. Preso de su ciudad. Ya no se puede caminar tranquilo porque piensas que en cada esquina hay alguien que te puede hacer algo.

Cuando contaba la historia, mucha gente me decía “Pero para qué vas al persa con niños chicos” Y por qué no, preguntaba yo? Es injusto! Siento que no nos tenemos por qué privar de las maravillas de nuestra ciudad, y me niego a dejar de ir a pasear al persa por culpa de una manga de delincuentes que se camuflan buscando a personas vulnerables para robar. No pienso nunca dejar de ir al Persa. No pienso dejar de conversar con los vendedores, ni menos comer los manjares deliciosos de los galpones…Me declaro indignada!

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