La suerte del papá que elegí

 

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Siempre he sido mujer de suerte. Soy de las que se ganan rifas, encuentra estacionamiento, le toca el carro del metro menos lleno y la micro siempre pasa cuando necesito. Generalmente cuando quiero una chaqueta siempre agarro la última que queda y justo en mi talla. Son cosas que hacen el día a día más feliz, pero he tenido una suerte mucho más grande que todas las cotidianas que conté anteriormente, y es la suerte del papá que elegí.
Tuve la suerte de que mi suegra crió a hijos ayudadores y participativos en la crianza de sus hermanos. Tuve la suerte de que mi cuñada es seca y ha logrado entre malabares ser buena mamá con la mezcla justa de ternura y firmeza con sus niños y la suerte más grande que tuve es que ambas hicieron que mi marido aprendiera todo  de su ejemplo de grandes mamás.
El tema va así: nos casamos hace siete años, a los 5 meses quedé esperando a la primera guagua, al año y medio de nacido el mayor, nació la segunda y a los dos años seis meses de la segunda, el tercero. Así fue como en 4 años me vi con 3 guaguas y una experiencia nula en crianza, porque mi mamá, equivocadamente, nunca nos hizo participar de los quehaceres de la casa.
Así fue como el papá de mis niños, con su disciplina hitleriana me enseñó, me enseñó y me enseñó. Me enseñó de la importancia de los horarios, me enseñó a que los niños necesitan esquemas para funcionar bien y me enseñó que si bien los besos y abrazos nunca sobran, las reglas hay que cumplirlas, y que si nuestra tribu de niños quiere hacer una fiesta de regaloneos a las 8 de la noche, están fregados porque es hora de dormir, ya sea invierno o verano.
Aunque muchas veces patalee contra este sistema militar, tan diferente al de mi casa, hoy le agradezco al papá que elegí. Gracias a él mis niños se acuestan sin chistar, comen relativamente bien y saben que con pataletas no logran nada (reconozco que éste último es un recurso al que yo, a los 35 años, muchas veces recurro cuando quiero algo).
El papá que elegí es cariñoso, disciplinado, tiene respuesta para todo y lo que no lo investiga. A diferencia del papá que tuve yo (que es el mejor del mundo) no los llena de regalos todos los días, pero si les enseña que las cosas cuestan y hay que ganárselas.
El papá que elegí les inventa canciones, los abraza para ver películas y los hace dormir mágicamente en su hombro en 40 segundos. Nunca he sabido si es por su energía más reposada que la mía, pero conmigo nadie se duerme así de fácil.
El papá que elegí (junto con el mío, insisto) es el mejor papá del mundo, hitleriano, estricto pero exquisitamente cariñoso. Estoy orgullosa de él, de lo que me ha enseñado y del tremendo hombre que es. El papá que elegí trabaja, estudia un magister, hace clases en la universidad, está maestreando con pasta muro, pintura y overoles en nuestra casa y aún así se da el tiempo de ser el mejor para sus hijos.
¿Cómo son los papás que ustedes eligieron?

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