Author: Daniela Aguilera

La palabra que no quiero que usen con mi hijo

 

imagen_blog

Pasan cosas en las vísperas de la Teletón. Nos transformamos en un país solidario, humano, más unido. De alguna forma los chilenos nos transformamos en seres empáticos y generosos y muchas veces compasivos. Ahí es donde me quiero detener. La compasión.

Que de malo puede tener ser compasivo? Se preguntaran…pues nada! pero hay ciertas cosas que me gustaría contarles.

Cuando tienes un hijo discapacitado, andas más alerta. Casi a la defensiva. Tratas de llevar la lucha de tal forma que tu hijo no se de cuenta de que es difícil para ti. Tratas de que tu niño haga la vida lo más normal posible, de exigirle lo mismo que al resto y de potenciar sus habilidades y no sus dificultades. Te vas echando los dolores al hombro para avanzar lo más lejos. Pones los miedos en un saco y alejas el temor al futuro para comenzar a vivir el día a día. Te pones como leona al ver que la gente se le acerca y lo mira con pena, con compasión, pero pena, y generalmente viene esa palabra, que probrablemente viene sin mala intención de la boca de alguien desconocido, pero que te cala en los huesos y hiere en lo más profundo: Pobrecito.

Cuánto dolor causa esa palabra…no se lo pueden imaginar. Es por eso que hoy, el día de la Teletón, les quiero pedir que no usen el pobrecito. Que cambiemos la mirada hacia la discapacidad. Que los pobrecitos se transformen en que valiente, que fuerte, que seco es este niño.

El tener una discapacidad, ya sea física o intelectual, hace que el camino sea por sí muy difícil. Le añade peso a una carga que ya es pesada, pero si cambiamos la mirada, esa misma carga se hace más ligera y fácil de llevar.

Pobrecito es la palabra que prefiero no usen con mi hijo. Él es un niño activo, juguetón, cuiroso y maldadoso. Hace todo lo que hace un niñito de su edad pero de manera distinta. Se encuentra con dificultades y se adapta, se muere de la risa y se las ingenia. Hace feliz a su mamá, a sus hermanos y a todos los que lo rodean.

Si me preguntaran qué decir al ver un niño discapacitado, les diría sin dudarlo “Qué suerte” que suerte tener un niño fuerte. Que suerte tener a un luchador. Que suerte tener a un ingenioso guerrero que adapta su cuerpo para funcionar en un mundo que lo mira con pena.

Espero, con muchísimo temor, que mi niño en el futuro no tenga que enfrentar las miradas de lástima y los murmullos que enfrento yo cuando voy caminando con él en la plaza o el supermercado. Sus murmullos duelen, sus miradas disimuladas destrozan mi corazón. Me queda la tranquilidad de que él en su inocencia no capta estas miradas, y sólo percibe sonrisas y amor.

Si ven a un niño discapacitado y quieren saber algo, pregunten con naturalidad, pero por favor no murmullen, no apunten y no miren con disimulo. Y por favor, por favor, no usen la palabra pobrecito.

La Teletón es lo mejor que tiene Chile. Ayuda a una mirada inclusiva, sin lástima. Entrega rehabilitación a las familias y a los pacientes. Entrega prótesis y contención, entrega salud integral al discapacitado y su entorno. Durante estas 27 horas por favor no nos olvidemos que en cualquier momento, cualquiera de nosotros, así como me pasó a mi, podemos pasar a ser parte de la familia Teletón.

¡Me asaltaron!

foto-blog-me-asaltaron

 

Soy fan del persa Bio Bio. No fan de las de ahora que se puso de moda, no, no, no! Yo soy fan de las antiguas, iba los domingos desde que estaba en el colegio, seguí cuando entré a la universidad, de ahí cuando me puse a pololear, recién casada, embarazada, con guaguas portando, después caminando y así en todas las etapas. Fueron naciendo mis niños, seguimos yendo al persa y ellos aprendieron a enamorarse de sus galpones, de los pasillitos, de las miles de sorpresas que guardan sus rincones…en mi familia somos todos Persa Lovers!

Este domingo, que recién pasó, no fue la excepción. Fin de semana largo, relativamente poca gente en Santiago, y los niños estaban pidiendo hace semanas ir al persa. Tenían una platita ahorrada en sus alcancías y querían comprar unos juguetes. Yo por mi parte necesitaba unos libros y unas copas antiguas de cristalerías Yungay y mi marido quería comprar unos discos. Así todos felices partimos.

Franklin, Victor Manuel, Bio Bio…todas calles que he aplanado mil veces buscando tesoros y de repente Paf! siento un tirón en mi mochila. Estaba con una guagua en brazos y con otra de la mano y una señora de pelo largo, negro con algunas canas a mi lado. “Oiga, me está robando” Le dije….Noooo señora, como se le ocurre. Se veía segura, bien arregladita y tranquila. Metí la mano a la mochila sentí mi celular y pensé que a lo mejor no me habían robado. Mi marido, que  estaba con  mi hijo mayor, salió corriendo a perseguir a los acompañantes de la señora pero era complicado. Eramos dos con los 3 niños chicos, asustados y no sabíamos cuantos eran ellos. “Váyase señora, le dije” Total, sabía que no tenía plata en la billetera, solo los documentos y las tarjetas que podía bloquear al instante.

No nos pasó nada, pero la sensación es penca. Mala, pésima. Uno se siente inseguro. Preso de su ciudad. Ya no se puede caminar tranquilo porque piensas que en cada esquina hay alguien que te puede hacer algo.

Cuando contaba la historia, mucha gente me decía “Pero para qué vas al persa con niños chicos” Y por qué no, preguntaba yo? Es injusto! Siento que no nos tenemos por qué privar de las maravillas de nuestra ciudad, y me niego a dejar de ir a pasear al persa por culpa de una manga de delincuentes que se camuflan buscando a personas vulnerables para robar. No pienso nunca dejar de ir al Persa. No pienso dejar de conversar con los vendedores, ni menos comer los manjares deliciosos de los galpones…Me declaro indignada!

El ahorro

 

foto-blog-el-ahorro

Tengo 3 niños chicos chicos chicos…no sé si a usted les pasa pero con tres enanos el estado de cuenta se transforma en una bicicleta contante de plata, plata que entra, se va rapidito y es por eso que me he visto oblidaga a ser el doble de organizada que antes.

Siempre he sido busquilla, buena para los descuentos y tentada con las ropas lindas (quien no se tienta con las tenidas preciosas para los niñitos o esos vestidos bien floripondeados para las niñitas) y es por eso que los descuentos son mis mejores amigos!!

Así que vengo a darles datos! Datos porque viene diciembre y ahí las billeteras tiemblan…creo que es bien dificil que dejen de temblar porque de diciembre a marzo el tiempo pasa rápido y no siempre nos recuperamos!

Preparense para navidad con mis tips:

– Regalos para grupos de hermanos. Me ha resultado super bien hacer un gran regalo (piscina pelopincho, cama saltarina, casita de muñecas, carpita de indio, columpio) y un engañito chiquitito para cada uno.

-Comprar a emprendedores: Hay mil quinientos datos. Hace poco descubrí la tienda Juega Pulpito en internet, que agrupan a muchos emprendedores chilenos que tienen juguetes entretenidos y educativos desde lo lúdico.

–  Aprovechar las cyber ofertas: Cyber monday, black friday, cyber sale, todo sirve! Sobre todo cuando son los regalos más grandes

– Planificar los descuentos especiales: Soy de las que hacen listas, así que tengo muy anotado qué día hay descuento en las tiendas a las que más recurro y compro según la rebaja. Si es Opaline, aprovecho los 2 x, o los descuentos el día de los abuelos.

Cómo lo hacen ustedes para ahorrar? Algo en especial? Les parece si compartimos datos?

 

Las Panties de mi guagua

 

foto-blog-las-panties-de-mi-guagua

 

Entre tanta ropa linda y tierna que existe no podemos olvidar lo esencial: los básicos para las guaguas. Esa ropa que nos ayudan en el día a día y la que realmente cumple la función de proteger y cuidar.

¿Cuáles son mis básicos? Mitones, gorrito, camiseta (de esas chambritas, que son por lejos mis favoritas) y las benditas panties. ¡Digo benditas porque pucha que son útiles! Calentitas, suaves, creo que son por lejos el mejor mejor invento para las guaguas. De ahí cuando son personitas más grandes, me cambio siempre a las panties de lana, porque las de algodón como que se les caen…me cambiaba debería decir porque con mi tercera guagua todo fue distinto.  Siempre a los 6 meses hace el primer gran guardado de ropa a la bodega y las panties se iban con el famoso “ ajuar”…ahora fue distinto.

Les he contado de mi Josepe. Mi tercer hijo que nació con una malformación en la manito, que hizo que nos ajustáramos a sus requerimientos para que finalmente pueda hacer lo que el quiera pero de manera diferente. Parte de ese hacer lo que el quiera es el usar una prótesis de mano, de la que personalmente no soy tan fan, pero la acepto, porque entiendo que el que la use ahora es la única manera de que de grande pueda elegir con libertad si la va a tener o no.  Para el uso de la prótesis, es necesario proteger el muñón, y ahí entra a jugar la panty Opaline…

Adivinen ustedes cuál fue la recomendación de la protesista y la fisiatra al momento de entregarnos la prótesis…justamente nuestra querida panty! Si, los especialistas me recomendaron cubrir su muñoncito con la panty y de ahí ponerle la prótesis. Es así como esta madre que les escribe pasó a cortar las patitas de todas las panties que josepe dejara de usar. Cortar, coser, usar. Así nos vamos con las panties. Buscando por todos lados, cortando y reciclando. Gracias panty opaline por cuidar al muñón más rico del mundo: La manito chica de mi josepe.

 

 

imagen_blogA más de alguna le habrá pasado. Tuve a mi guagua 20 días con diarrea…sí 20 días, 3 fines de semana completos, un sin fin de panoramas embarrados (por no usar la frase en buen chileno que estás pensando en este momento) y una cantidad de rollos que me pasé infinitos. Pensé que tenía desde las enfermedades más catastróficas hasta un virus.

Fue en esa desesperación (y en esos 4 cambios de ropa diarios) que reparé en un detalle. Todos los bodies Opaline tienen la parte de la cabecita con un especie de apertura extra que nunca, con ninguno de mis hijos anteriores, había significado alguna utilidad…hasta ahora.

 

Fíjense ustedes (y esto a modo de dato) que descubrí que esa apertura es para sacarle el body hacia abajo, sin correr el riesgo de que todo lo que “sobresalía” del pañal ensuciara más a mi guagua.

 

Sentí casi que descubría la pólvora! El mejor invento de la historia del mundo! Permitiía que la suciedad del pañal no se esparciera a la guatita, a la espalda, a los hombros y a que además su cabecita no quedara con restos y aunque igual lo metía bajo el chorro el agua cada vez que lo mudaba, al menos el cambio de ropa no era 4 veces al día, si no que sólo body.

 

La utilidad es gigante. Se saca un bracito, luego el otro y listo! Body afuera, guagua limpia y potito listo para ser lavado.

 

Sinceramente no sé cómo en cinco años de madre nunca, pero nunca me pregunté en la utilidad de esos pliegues en los bodies!

 

El origen de la enfermedad nunca lo supe, lo que sí aprendí es que los genios inventores de los bodies de guagua eran cerebros adelantados!   

Un dato útil, cortito y que espero les tanto como a mi!

Hábitos: difícil pero no imposible

Hábitos en los niños

 

 

 

 

 

 

 

Hay cosas que como mamá me han costado más y otras menos…no sé a ustedes, pero esto de ser papás tiene cada día su afán, y es así como al pasar los días, semanas y años he ido descubriendo habilidades que tengo y otras que tengo que adquirir.

¿Lo más complicado? Inculcar hábitos.

Personalmente no me puedo acostar sin lavarme los dientes, no puedo partir el día sin ducharme y me cuesta dormir si no leo antes algo. Esos son hábitos que mis papás deben haber inculcado en mi muy muy chica y sin darme cuenta, el librito en el velador o leerme el diario en las mañanas son necesidades básicas. Increíble, pero pese a tenerlo tan metido en mi persona, me cuesta harto hacerlo con mis niños.

Llega la noche, uno llega cansada del trabajo, la persona que te cuidó a tus hijos también está agotada y ellos (a eso de las 7,30) son más monstruitos que criaturitas adorables. La lucha por lavarse los dientes y leerles un cuento se me hace eterna y tediosa. La mayoría de las veces doy la pelea, pero de verdad hay otras en que sencillamente el obligarlos a lavarse los dientes después de la última leche se me hace de verdad cuesta arriba. Algunas me hago la tonta, la mayoría los levanto, ellos creen que van a jugar y no. Cual sargento me instalo en el baño para que el lavado de dientes sea eso y nada más.

Me pasa también en el almuerzo. Generalmente alcanzamos a comer juntos, bien rápido porque yo me tengo que ir a trabajar. Entonces entre la rapidez y no querer que la comida con la mamá sea una mala experiencia, los dejo que se paren de la mesa antes de que todos terminen de comer. Ese hábito me interesa mucho que lo tengan, pues para mi siempre el almuerzo fue la instancia de conversación con mis papás y hermano…pero al parecer la mayoría de los días prefiero no pelear y dejar que el mayor se tome un yogurt mientras la otra come la ensalada y el tercero juega con sus autitos.

Otras cosas se me hacen fáciles: El rezar antes de quedarse dormidos o que coman la comida que haya no es problema. Tampoco es problema el que a las 8 estén con pijama y listos para cerrar los ojos. Pero de verdad que el enseñarles a esperar al hermano que termine de comer, el guardar los juguetes cuando terminan de usarlos o hacer la cama los fines de semana me significan una lucha tan grande, que muchas veces termino cediendo o haciendo las cosas yo.

Los hábitos que para mi son básicos:

-Lavarse la cara y las manos antes de comer

– Limpiarse las orejas. Detrás de las orejas en el baño y el pabellón con cotonitos.

-Mantener la nariz limpia. Cuando son chicos, les pongo fisiolimp y de ahí aspiro. Ya de grandes se acostumbran y andan pidiendo que se las limpie siempre que sienten algo.

– Cortarse las uñas. Mis niños saben que eso si o si pasa el domingo en la noche.

– Lavarse los dientes en la mañana, después de almuerzo y en la noche (la hora de la pelea)

– No pararse de la mesa hasta que todos hayan terminado de comer.

– Ordenar sus juguetes antes de dormir.

– Leer un cuento y rezar.

¿A ustedes les pasa? ¿Qué cosas de ser papás les cuestan mucho y otras no? ¿Logran que el cansancio del final del día no les gane y siguen siempre al pie de la letra sus reglas de crianza? ¿Tienen reglas de oro en las casas que no ceden ante nada?

Los especialistas aconsejan que siempre seamos firmes y consecuentes. Es decir por más cansados que estemos tienen que respetar las reglas, en mi caso el ponerse pijama, lavarse los dientes, rezar y dormir. Pero como tengo que hacer todo esto en media hora, muchos días estoy tentada de hacerme la tonta con las reglas, acostarlos a todos en mi cama y dormirnos felices los cinco a la vez. Ustedes…¿lo logran?

 

Guaguas de Alta Demanda

Josepepe, hijo de Daniela.Escribo este post con un cargo de conciencia gigante y gran desconcierto. Mi guagua de 9 meses juega tranquilo, sólo y bajo la supervisión, sólo supervisión, de su papá que lo acompaña. ¿Qué tiene de malo, se preguntarán ustedes? Nada, claro, pero a mi me da pica, rabia no pero si pica porque mi José Pedro llora todo el día cuando está conmigo. Pensarán que exagero ¡pero les juro que no!

Soy de la firme idea de no dejar llorar nunca a las guaguas. Cuando nació, llegando de la clínica, me lo metí adentro de una polera con fular incorporado. De ahí lo pasé a la ergo baby y así lo acarree por todos lados conmigo sin mayor problema, hasta hace una semanas.

José Pedro tiene 9 meses. Yo trabajo en distintas cosas y hay momentos en los que necesito estar sola…por ejemplo, tengo que escribir en el computador y ya no lo puedo hacer con el enano en fular ni menos en mis piernas porque obviamente se adueñaría del teclado. Ahí viene mi gran drama;: Josepe llora, llora y llora hasta que lo tomo. Me ve y chilla, lo tomó y se ríe y así en una repetición constante que temo me termine llevando directo al Peral.

He tenido minutos dramáticos, como las idas semanales a la Teletón. Cuando me voy en metro, no hay problema, nos vamos abrazados y felices, pero si voy en auto, uffff dramón!!! El trayecto me toma en auto como 45 minutos. Lo meto al huevo y parte el llanterío, hasta que llegamos al mismísimo centro en Alameda. Lo bajo del huevo y me mira con su cara de amor volviendo automáticamente a ser la guaguita más rica del mundo, pero yo no. En cada llanto pienso en sus niveles de cortisol elevados, en la angustia de la separación, en que va a sentir que no lo quiero por que no lo tomo y me desespero! Juro que no exagero…una vez viajé de Santiago a Viña sola con mis tres enanos, los mayores de 4 y 3 años y yo manejando. Todo bien, feliz yo como única adulta responsable hasta que el más chico empezó a llorar en la costanera y no paró hasta que llegamos a  5 norte con 4 poniente. Yo lloraba de angustia y sus hermanos ya no sabían que canción más inventar para que el chico no tuviera tanta pena.

El asunto me preocupa harto. Mis hijos preguntan que por qué su hermano llora todo el rato cuando está conmigo y es independiente y feliz cuando está con el papá y yo de verdad no sé qué responder…No he hecho nada más que tomarlo en brazos cada vez que lo necesita y puedo hacerlo, no entiendo por qué, se los juro!

¡Tener una guaguita de alta demanda no es fácil! ¿Les ha pasado? Qué hacen? ¿Podrá la seca Varinia Signorelli ayudarnos?

Opaline y yo

“He llegado a pensar que a lo mejor mientras duerme sueña con las historias de los ocho ocupantes que descansaron antes en su cuna Opaline”

Daniela Aguilera y sus 3 hijos.

Daniela Aguilera y sus 3 hijos.

No se si era Parque Arauco o Muricy, pero tengo muy claro el recuerdo de esa tienda en el segundo piso muy cerca de la entrada con muñecos gigantes colgando del techo, un poco flotando, sábanas, cunas, muebles de guagua. En esa tienda, Opaline, mi mamá había comprado el corral donde mi hermano dormía, jugaba y se trataba de parar. Ahí mismo había comprado sábanas, velos, ropa de cama y todo lo necesario para guaguas, porque no existía ningún lugar donde hubiesen más expertos en guaguas dispuestos a ayudar en todo.

Pasaron los años y me tocó a mi. Tenía 29, nació mi primer hijo y mi suegra me ofreció su cuna. Me pareció lindo que mi guagua durmiera en algo más que un mueble, acá había una historia. Por ella habían pasado sus hijos (mis cuñados hoy veinteañeros) y mis dos sobrinos. Mi Toti fue el quinto, después vino mi sobrino ahijado, de ahí mi segunda hija, la siguió su prima y ahora la ocupa mi conchito Josepe. A él ya lo van a conocer. Antes quiero detenerme más en la cuna.

Has leído de esas cunas de colecho que permiten que la mamá y la guagua estén muy muy cerca el uno y el otro? Están de moda hace poco tiempo y facilitan el dar papa, el estar a la misma altura de la carita de la guagua y fomentan el apego, casi como si el pollito estuviera durmiendo con uno en la misma cama. Bueno, les cuento que Opaline lo hizo antes. La cuna de mi suegra es de colecho, tiene un colchón como tejido exquisito, una baranda que se regula y es del tamaño perfecto para no molestar. Cabe justo al lado de la cama, tiene rueditas y la guagua aguanta perfecto hasta el año o hasta que se empiece a parar. Lo impresionante es que después de 9 guaguas sigue estando estoica, perfecta y dispuesta para que llegue un 10 morador entre sus barrotes…lo máximo la cunita Opaline!!!

De mi Josepe, les cuento que es un guaguito especial, maravilloso, inquieto y malulo de 7 meses. Nació con una malformación congénita en su brazo izquierdo que nos tomó de sorpresa cuando nació, pero que estoy segura le da más fuerza para demostrarnos día a día lo inteligente y hábil y sabio que es…he llegado a pensar que a lo mejor mientras duerme sueña con las historias de los ocho ocupantes que descansaron antes en su cuna Opaline.