Amor incondicional

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Escribo este post navegando en algún lugar de océano atlántico. Mis hijos hombres juegan, mientras con mi reina, mi única niñita vemos la doctora juguetes. Ella sin pijama, con pañitos húmedos en la frente, guatita e inglés y sin ganas ni siquiera de que me le acerque, igual me deja hacerle cariño en la cabecita mientras esperamos que la fiebre baje…pasó el rato y cayó mi hijo mayor y a la hora siguiente, el más chico. Ayer vomitaron al papá de pies a cabeza y hoy simplemente vuelan en fiebre. No tenemos mucho que hacer, estamos en un lugar desconocido, invitados a veranear por los abuelos y la verdad es que tampoco podemos embarrarle las tan esperadas vacaciones a abuelos, hermanos y primos, así que con el papá decidimos turnarnos con alegría. ¿Alegría? ¡Sií! sin duda es una lata que los niños se enfermen en vacaciones, pero se siente una tranquilidad infinita el poder estar con los enfermitos todo el día, no tener que salir a trabajar y dejarlos encargados. Ver como pasan las horas del día y uno con la guata apretada sabiendo que la pobre está bien cuidada pero queriendo estar con la mamá, mientras uno tiene que calentar asiento, porque seamos sinceros, la productividad cuando un niño está enfermo es casi nula. ¿Tendrá algo que ver esto con el día del amor? Me parece que tiene todo que ver. Mis hijos me han enseñado el amor verdadero. Con eso, no quiero que se pique el progenitor, pero la verdad es que siento que el único amor que está garantizado y sabemos vamos a sentir por siempre, es ese amor incondicional, desgarrador y a toda prueba que nos hacen sentir los niños. Las patitas gorditas, manitos cochinas, besos chupeteados, explosiones estomacales, escupos varios, patadas y tiradas de pelo lo son todo para uno! La magia de como el amor se va multiplicando cada vez que nace un nuevo hijo es increíble. El ver como la energía crece según las necesidades de cada hijo es lo máximo. El mes del amor, es para mi el mes de mis más grandes amores. Insisto, que el papá no se enoje, pero de verdad estos enanos lo son todo, con ellos nos nace darnos por completo, creo que con el marido nace también, pero pasa más porque en algún minuto de la vida decidimos entregarnos en lo bueno y en lo adverso, y esa decisión la vamos retomando cada vez que es necesario. ¿A ustedes les pasa? ¿Cómo viven este amor tan vivo, puro e incondicional que nos hacen sentir los niños?

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