Monthly Archives: Marzo 2017

De vuelta al colegio

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Mi hija de al medio es la perfecta. No se mal entienda que sus hermanos son exquisitos, a ella le digo la perfecta porque le gusta todo perfecto, lo hace todo bien, es meticulosa, ordenada y jamás en la vida pelea (nunca en la vida me dijeron algo malo de ella en el jardín, ni se le olvidó algún material, ni se las dio de rebelde). La perfecta cumplió 4 años en enero, dio un excelente examen de adimisión y en todos los colegios a los que postuló me sugirieron que entrara al tiro a pre kinder, aún siendo la más chica, porque daba signos de madurez más que suficientes.

, Así las cosas, mi guagua empezó su pre kinder con 4 años y un mes. La verdad es que nunca pensé que fuera tema. Entramos a la sala, ya habíamos conocido el colegio antes así que ella se ubicaba muy bien en los espacios. Las misses la estaban esperando en la puerta, nos hicieron pasar a todos y la dejaron quedarse con la Titi, su osito de peluche, que ese día también iba vestida con el uniforme del colegio. Ella se sentó en la mesa, chao papá, chao mamá. Su hermano grande le aconsejó que si la molestaban le dijera a la miss inmediatamente y que no peleara, ella rió y se puso a pintar. Esa fue la empezada del colegio de mi gorda. Todo fluyó perfecto y pudimos irnos al colegio de mi hijo mayor que ese día partía kinder.

Todo cambió al día siguiente: Mi gorda despertó llorando. Se había hecho una herida con la zapatilla porque le compré medio número más del que debía ´-y pese a que tenía un parche de Rapunzel en la patita, decía que le dolía y no podía caminar. Se vistió, bajó cojeando las escaleras y se desmoronó en llantos al entrar al auto. Tenía pena porque su mejor amiga, la  Oli, ya no estaba con ella en la sala. Lloraba porque su amiga,la Juana, con la que estaban hablando desde junio sobre ser compañeras, había quedado en el paralelo y no se veían más que en el recreo. Lloraba porque no se quería separar de mi.

Les prometo que se me partió el alma, mi gordita perfecta jamás había tenido susto de quedarse sola. Empezó a ir al jardín al año y medio porque veía a su hermano grande y suplicaba por ir. Siempre fue la primera en llegar y ahora me tocaba entregársela a los brazos de la miss, llorando destrozada. Mi hijo mayor partió corriendo al patio a buscar una flor para ayudar a consolar a su hermana y la miss me dijo en forma muy amorosa que ella se hacía cargo. Y así me fui, a seguir en la repartija por los colegios.

A la 1, cuando me tocó ir a buscarla, ella jugaba feliz en el patio y conversaba con sus nuevas amigas como si nada hubiese pasado. Me dijo que lo pasó increíble y que todo el llanto había sido porque le dolía la patita con sus zapatillas nuevas…así que ahora, a volar a Opaline a comprarle unas nuevas.

Vuelta a la rutina: se nos apareció marzo

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Nada peor que la rutina, lo hemos escuchado desde pequeñas. La rutina es sinónimo de aburrimiento, de funcionamiento aletargado o robótico. Sin embargo hay algo que nos salva en cada mañana igual a otra: nuestra propia mirada, nuestra propia distinción en los detalles.

La forma que tenemos de considerar los detalles como novedad pueden salvarnos de la rutina, así también como los alimentos que consumimos, las canciones que escuchamos camino al trabajo/colegio/jardín y los caminos que elegimos para movilizarnos. Siempre habrá inamovibles y actividades que debemos hacer a diario: en el cuidado de los niños o en los compromisos laborales; pero depende absolutamente de nosotras cómo es que vamos coloreando nuestro día a día.

Sin querer transmitimos a nuestros hijos la forma en la que enfrentamos el día a día, si somos mañosos al despertar, si salimos enojados o contentos, también son capaces de percibir si nos gusta o no nos gusta nuestro quehacer o, más profundamente, nuestra vida. Es por esta razón, que los cambios debemos realizarlos en pos de encontrar espacios que nos hagan sentir plena. No solamente por nosotras y nuestro bienestar sino que por el entorno en el que viven nuestros niños y en el fondo por el mensaje que queremos transmitir. O aceptamos lo que nos pasa o lo cambiamos, no podemos quejarnos eternamente sino nuestros niños también se manifestarán quejumbrosos y estaremos colapsadas para contener además sus momentos difíciles.

Una mamá feliz y tranquila es capaz de habérsela con la adversidad, los momentos difciles, las pataletas y el no dormir. En cambio cuando estamos colapsadas o descontentas no podemos contestar a la altura de los requerimientos de los niños. Las emociones de nuestros pequeños son intensas, por ende necesitan que gastemos mucha energía conteniendo y metabolizando su rabia.

¿Qué hacer entonces?

Pedir ayuda, SOS, socorro, relevo. No está mal decir que estamos cansadas y que no-podemos-más (por un rato). Contar con la familia como red de apoyo, los vecinos, amigos, nuestra pareja o padres, nos permitirá poder respirar aire fresco mientras otro se hace cargo de nuestro hijo/a mientras respiramos algo de aire fresco, así llegamos renovadas y con una mejor respuesta para ellos. Tenemos que sentirnos orgullosas de ser capaces de pedir ayuda. Muchas veces jugamos a que podemos con todo porque nos sentimos culpables de mostrar cansancio y finalmente esa careta nos pasa la cuenta.

Pidamos ayuda y ayudemos a otra a pedir ayuda también, en red somos más poderosas.

Marzo comienza como sinónimo de inicio del año rutinario, pero depende de nosotras cómo lo transmitimos a los niños.

 

Buen comienzo queridas ciudadanas de la comunidad Opaline.

 

Varinia Signorelli

www.supermadre.net